Hay muchas maneras de mostrar el amor a tu pareja:
- Decírselo con flores.
- Pisar los charcos conjuntamente en un día de lluvia.
- Fumar un cigarrillo a medias (como proponía Paloma San Basilio)
- Ir a un programa de televisión (hay quien piensa que esta opción debería estar prohibida por atentar contra el buen gusto).
- Escribir un libro sobre tu marido (hay quien piensa que esta opción debería estar prohibida cuando se trata de una periodista y un juez del 11-M).
Elisa Beni ha escogido la última opción. La jefa de prensa del Tribunal Superior de Justicia de Madrid presentó ayer su libro La soledad del juzgador, dedicado a su marido y presidente del tribunal del 11-M, "apagafuegos" Bermúdez.
Beni y Bermúdez: "Juntos, café para dos..." / EFE¿Apagafuegos? Pero, ¿Bermúdez es bombero o magistrado? Es ése el calificativo que Beni cree más apropiado para su marido: "Este mote no se le ocurrió ponérselo a nadie, pero es tanto o más acertado que otros que se han usado con profusión", dice en el libro. Obviamente, refiriéndose a la capacidad del magistrado para encontrar soluciones. Es uno de los detalles que delatan la pasión con la que el libro está escrito, la cual a veces se hace tan digerible como un tocino de cielo sobre un nido de merengue, guindas y extra de caramelo.
Si la obra se trata sencillamente de una carta de amor, la autora podría haber susurrado al oído de su marido las 377 páginas del libro, y nadie se hubiera molestado. Se habría evitado así un catálogo de agravios que iguala o supera la lista de agradecimientos de la obra. También se podría haber eludido una situación que da la razón al título del libro: "La soledad del juzgador". Y es que sólo dos de los 18 magistrados de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional secundaron a Bermúdez, su presidente, durante la presentación del libro. La verdadera soledad del juzgador, que hace peligrar la incontestable imagen que el juez había cultivado durante todo el proceso del 11-M.
Aun así, Beni reivindica la vertiente periodística de su obra. Pero si se trata de una crónica sobre el proceso más importante de la historia judicial española, Beni incurre en algunos errores. Por ejemplo, y el más grave, el de utilizar una sola fuente y no confrontar las opiniones. También se le acusa de haber puesto en peligro a algún aludido (léase Pilar Manjón), de herir la sensibilidad de las víctimas, de airear conversaciones privadas o de ajustar cuentas con otros magistrados. En resumen, más papeletas que El Código da Vinci para convertirse en un best-seller.
Maite Pagazaurtundua, presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo, se convirtió en crítica literaria improvisada y fue la única que ayer se refirió al libro desde el punto de su contribución al mundo editorial. Y no está claro si sus términos eran laudatorios o no. Dijo: "Es un libro de nuestro tiempo. Por eso es sencillo, con lenguaje cotidiano. Está dirigido a consumidores de libros de actualidad". ¿Esto es bueno? ¿Es malo? ¿Significa que Elisa Beni ha tenido la virtud de aprehender e interiorizar los derroteros de la literatura contemporánea? ¿O significa que la obra engrosa la prescindible nómina de obras de consumo rápido, alimentadas únicamente por la polémica, al estilo de Los que le llamábamos Adolfo, la obra de Luis Herrero sobre la figura de Adolfo Suárez?
En el acto de ayer la escritora pidió perdón a todos los que se habían sentido molestos. Pero quizás, para atajar la polémica, sean necesarios más que nunca los superpoderes de "apagafuegos" Bermúdez.

