
Barcelona, 8:30 a.m., las empresas tienen poca actividad. No hay nadie en las máquinas de café, ni siquiera está el becario que cada mañana fotocopia sus apuntes en la oficina para ahorrarse tinta y papel. Los pasillos están desiertos y nadie comenta el mal estado de forma de Ronaldinho mientras se fuma el primer cigarrillo en la entrada. El cierre del servicio ferroviario de Cercanías ha colapsado las carreteras y los trabajadores están atascados en sus coches intentando escuchar las noticias entre bocinazo y bocinazo.
UGT y CCOO cifran en 160.000 los empleados amonestados por llegar tarde al trabajo en las últimas semanas. Las prisas del Gobierno para concluir la faraónica obra que llevará el AVE a Barcelona antes del 21 de diciembre son ya una quimera. De momento, el Ministerio de Fomento ha suspendido el servicio de Cercanías en algunas líneas hasta que los técnicos garanticen la seguridad de los usuarios.
Según nos explicó el responsable de Movilidad de CCOO-Cataluña, Manel Ferri, los empresarios no están teniendo piedad con sus empleados: "lo más normal es que obliguen al trabajador a recuperar las horas perdidas al final de la jornada laboral, o bien a acudir a su puesto en fin de semana. Aunque, en muchas ocasiones, las compañías descuentan del sueldo el tiempo que consideran perdido".
Pero algunos jefes van más allá. Los servicios jurídicos de los sindicatos están recibiendo decenas de peticiones de asesoramiento legal por parte de empleados en riesgo de despido. El Estatuto de los Trabajadores -documento de referencia en derechos laborales- establece que las faltas reiteradas de puntualidad deben ser injustificadas para motivar el despido; pero algunos empresarios "consideran que los problemas en el transporte público no sirven como excusa", tal como advierte a sus asociados el servicio legal de UGT Cataluña.
Por su parte, la patronal empresarial de la comunidad autónoma, Fomento del Trabajo, admite que los afectados por los cortes ferroviarios son 160.000 personas. No obstante, recuerda que "muchos de ellos son estudiantes y gente que se desplaza por motivos particulares". Las empresas ven el problema en términos de productividad: 29 millones de euros por cada diez días que no funcionen los Cercanías. teniendo en cuenta que el coste medio de la hora trabajada en Cataluña es de 18,11 euros.
Más allá del baile de cifras económicas, existen otros muchos problemas. "Las dificultades en la conciliación de la vida familiar y laboral, así como el aumento de las patologías relacionadas con el stress, son otros dos factores que no se pueden obviar", indica Alberto Fernández, profesor de Psiquiatría en la Universidad de Alcalá de Henares.
De momento, Fomento ha abandonado la idea de ubicar una estación provisional del AVE en El Prat de Llobregat hasta que se termine el tramo en obras que conduce a la estación de Barcelona-Sants, según anunció recientemente el secretario de Movilidad de la Generalitat, Manel Nadal. Los cortes de servicio continuarán la próxima semana, por lo que los trabajadores deberán madrugar, y mucho, si no quieren escuchar las broncas de sus jefes ni perder dinero de las nóminas.
martes, 30 de octubre de 2007
El cierre de Cercanías provoca que 160.000 personas lleguen tarde al trabajo, decenas están en riesgo de despido
viernes, 26 de octubre de 2007
Barcelona está de moda en el mundo del mal fario
Puede que José Montilla, president de la Generalitat, fuera a comienzos del verano a su Córdoba natal y no le quisiera comprar romero a una gitana a la puerta de una iglesia. Puede que ni siquiera estuviera en Andalucía ni viera a ninguna gitana. Pero alguien le tiene que haber echado un mal de ojo al ex ministro de Industria porque, cuando en noviembre de 2006 asumió su cargo de president, nadie le advirtió de la que le caería encima a partir de junio del año siguiente. "Si lo sé no vengo", debe estar pensando. Lo peor de todo es que lo malo para Montilla, en este caso, es malo para Barcelona.

El mal fario comenzó el 17 de junio. El Barça tiró por la borda ser campeón de Liga y se la regaló a su gran rival, el Real Madrid de Capello. Era el primer disgusto para una ciudad que no sabía que se trataba sólo del principio. Unos días más tarde, el club azulgrana, pero en su versión baloncestística, también perdería la liga ACB frente al eterno enemigo.
Pero el desastre monumental vino con las infraestructuras. El 22 de junio se producía la primera incidencia en la red ferroviaria de cercanías. Un tren Euromed, que circulaba sin viajeros, descarriló y produjo cortes en diversas líneas que afectaron a más de 165.000 usuarios. Los retrasos, las averías y las reducciones en los servicios de trenes se sucederían a lo largo del verano hasta el punto de que, el 3 de agosto, 400 pasajeros de una línea de cercanías pasaron más de dos horas y media atrapados en los vagones, lo que provocó un caos en la estación de Sants, que afectó a unos 24.000 pasajeros y 90 trenes.
Y luego está lo del apagón. El 23 de julio, más de 350.000 ciudadanos barceloneses lo vieron todo negro. La caída de un cable aéreo encima del tendido de una central de distribución desencadenó una serie de cortocircuitos que provocaron sendos incendios en dos transformadores eléctricos. La oscuridad duró tres días, teniendo que colocarse grupos electrógenos para atender a hospitales, estaciones y zonas residenciales. Pero el ruido era tan ensordecedor que los vecinos de estos lugares no podían dormir y manifestaron sus protestas a los delicados acordes de multitudinarias caceroladas.
El aeropuerto del Prat de Barcelona se vio sumido los días 5 y 6 de agosto en un caos de facturación. En la carga y descarga de maletas se perdieron los equipajes de cientos de viajeros, además de sufrir los retrasos pertinentes.
Lejos de mejorar, las líneas ferroviarias han seguido registrando desagradables incidencias. La última de ellas, el deslizamiento de tierras en un túnel de de Ferrocarriles de la Generalitat (FGC), próximo a las obras del AVE, ocurrido el pasado sábado. A raíz de ello se han interrumpido a lo largo de esta semana los servicios de dos líneas de cercanías y ha afectado a los trenes de Media y Larga distancia que llegan a Barcelona. A pesar del Plan Alternativo de Transporte, el ciudadano medio ha pensado. "¿Que no hay tren? Pues cojo el coche". El resultado, desesperantes colas de automóviles en las carreteras catalanas. Y a ello se une la reciente demora en las obras de ampliación del Puerto de Barcelona. Un clavo más en el muñeco de Montilla. Quien le esté haciendo vudú no está teniendo piedad.

¿Quién puede ser el culpable? Por los millones declaraciones de los últimos días, hay varios candidatos en la otra orilla del río. Aunque todo depende de cuál sea el río, el que une a Montilla con su propio partido en Madrid, vía Fomento, o el que separa al PSC de los enemigos de la oposición. Aunque muchos, de una y otra orilla, apuntan a un alimento, parcialmente envuelto en papel, que se toma con el café. El que se quiera MOJAR, que se MOJE.
Publicado por
Modigliani
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