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martes, 30 de octubre de 2007

El cierre de Cercanías provoca que 160.000 personas lleguen tarde al trabajo, decenas están en riesgo de despido


Barcelona, 8:30 a.m., las empresas tienen poca actividad. No hay nadie en las máquinas de café, ni siquiera está el becario que cada mañana fotocopia sus apuntes en la oficina para ahorrarse tinta y papel. Los pasillos están desiertos y nadie comenta el mal estado de forma de Ronaldinho mientras se fuma el primer cigarrillo en la entrada. El cierre del servicio ferroviario de Cercanías ha colapsado las carreteras y los trabajadores están atascados en sus coches intentando escuchar las noticias entre bocinazo y bocinazo.

UGT y CCOO cifran en 160.000 los empleados amonestados por llegar tarde al trabajo en las últimas semanas. Las prisas del Gobierno para concluir la faraónica obra que llevará el AVE a Barcelona antes del 21 de diciembre son ya una quimera. De momento, el Ministerio de Fomento ha suspendido el servicio de Cercanías en algunas líneas hasta que los técnicos garanticen la seguridad de los usuarios.

Según nos explicó el responsable de Movilidad de CCOO-Cataluña, Manel Ferri, los empresarios no están teniendo piedad con sus empleados: "lo más normal es que obliguen al trabajador a recuperar las horas perdidas al final de la jornada laboral, o bien a acudir a su puesto en fin de semana. Aunque, en muchas ocasiones, las compañías descuentan del sueldo el tiempo que consideran perdido".

Pero algunos jefes van más allá. Los servicios jurídicos de los sindicatos están recibiendo decenas de peticiones de asesoramiento legal por parte de empleados en riesgo de despido. El Estatuto de los Trabajadores -documento de referencia en derechos laborales- establece que las faltas reiteradas de puntualidad deben ser injustificadas para motivar el despido; pero algunos empresarios "consideran que los problemas en el transporte público no sirven como excusa", tal como advierte a sus asociados el servicio legal de UGT Cataluña.

Por su parte, la patronal empresarial de la comunidad autónoma, Fomento del Trabajo, admite que los afectados por los cortes ferroviarios son 160.000 personas. No obstante, recuerda que "muchos de ellos son estudiantes y gente que se desplaza por motivos particulares". Las empresas ven el problema en términos de productividad: 29 millones de euros por cada diez días que no funcionen los Cercanías. teniendo en cuenta que el coste medio de la hora trabajada en Cataluña es de 18,11 euros.

Más allá del baile de cifras económicas, existen otros muchos problemas. "Las dificultades en la conciliación de la vida familiar y laboral, así como el aumento de las patologías relacionadas con el stress, son otros dos factores que no se pueden obviar", indica Alberto Fernández, profesor de Psiquiatría en la Universidad de Alcalá de Henares.

De momento, Fomento ha abandonado la idea de ubicar una estación provisional del AVE en El Prat de Llobregat hasta que se termine el tramo en obras que conduce a la estación de Barcelona-Sants, según anunció recientemente el secretario de Movilidad de la Generalitat, Manel Nadal. Los cortes de servicio continuarán la próxima semana, por lo que los trabajadores deberán madrugar, y mucho, si no quieren escuchar las broncas de sus jefes ni perder dinero de las nóminas.

martes, 23 de octubre de 2007

Doña "Maleni" Álvarez ya no cree en los Reyes Magos

La Alta Velocidad Ferroviaria tardará en llegar a la Ciudad Condal


La pretensión del PSOE de llevar el AVE a Barcelona, cueste lo que cueste, antes del próximo 21 de diciembre y aumentar así sus apoyos de cara a las eleccciones de marzo parece haberse esfumado. La causa es el caos sufrido por el servicio de Cercanías de Cataluña en las últimas horas. La ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, deja sin Reyes Magos a muchos usuarios que esperaban utilizar los trenes de Alta Velocidad para reunirse con sus familiares durante las vacaciones de Navidad, tal como prometió el presidente del Gobierno.

Con una sonrisa, muy lejos de las actitudes desafiantes que han caracterizado las intervenciones públicas de Doña “Maleni” (por este apodo cariñoso la conocen sus amigos), la ministra admitió que la llegada del AVE a la Ciudad Condal corre serios riesgos de sufrir un nuevo retraso -el anterior responsable de Fomento durante el último Gobierno popular, Francisco Álvarez-Cascos, prometió el fin de las obras para 2004-. La razón que esgrime ahora el Ejecutivo es “la seguridad de los usuarios”.

Álvarez desveló sus preocupaciones tras reunirse con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. El objetivo del encuentro era ofrecer un convenio de colaboración para la construcción de carreteras, aunque la responsable autonómica pretendió, sin éxito, negociar el traspaso de la gestión de las Cercanías madrileñas.

La ministra desvió la atención sobre la petición de Aguirre, al acusar a la constructora OHL de presunta negligencia en las obras del AVE a Barcelona. El grueso de las explicaciones se centró en la investigación abierta para delimitar la responsabilidad de la empresa que dirige Juan Miguel Villar Mir en los incumplimientos de los plazos, lo que está afectando al funcionamiento de las líneas de trenes regionales.

No es la primera vez que el Gobierno apercibe al presidente de OHL. Villar Mir es, también, el máximo responsable de Ramsa, una corporación que está enfrentada con el departamento de Álvarez por la expropiación de unos terrenos en Galicia. Las obras que llevarán la Alta Velocidad ferroviaria al territorio gallego están paralizadas a pesar de las reiteradas quejas de la Xunta.

De la Vega dice que "no pasa nada"

Como conclusión de este esperpento, la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, declaró que si el AVE no llega a Barcelona en la fecha estipulada "no pasará nada". En la oposición, el portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Eduardo Zaplana, acusó a la ministra de "incompetente" y puso más carbón en la caldera de una locomotora que puede descarrilar antes de llegar a su destino.

"Maleni" quiere aguantar, al menos hasta que se celebren las elecciones. Por ello, volvió a descartar su dimisión haciendo gala de la tradición de no soltar el sillón, hasta que el presidente del Gobierno "diga lo contrario". La titular de Fomento no tiene el respaldo de los Grupos Parlamentarios -excepto del socialista- y esta circunstancia podría afectar a las decisiones de su departamento en los próximos meses.